El despertar en sí (1)

Por El Barquero (Le Passeur).

Del decondicionamiento hacia la liberación, modo de empleo.

El tiempo es verdaderamente único y extraordinario. En el momento que vivimos en un mundo que la sociedad humana ha hecho una locura y uno se siente impotente para evitar su destrucción en curso, y simultáneamente, te encuentras en el umbral de un mundo nuevo e inesperado en el cual vas a descubrir que tienes todo poder de creación. ¡Qué paradoja! Es el delicado período de transición entre el fin de un mundo y el advenimiento del siguiente, en que esta vez las reglas del pasado no tendrán más ni influencia ni sustancia.

Sobre esta escena donde se entrechocan las dimensiones, las dificultades residen en la buena comprensión de lo que llega, el posicionamiento justo que hay que encontrar y la elección que hay que hacer en conciencia.

En resumen, comencemos por ahí, no acaba de nacer justo a prestación personal en la sociedad de los hombres, eres un ser divino…. Probablemente un cierto número de resistencias en ti te inclinan a rechazar este hecho al cesto, a delirios de esta época. Sin embargo, si haces el camino de escuchar lo que voy a decirte, es posible que consideres tal vez aceptar la oportunidad así como toda la potencialidad extraordinaria.

Tomar conciencia

Ve esto como una experiencia. Intenta unos instantes de olvidar tus creencias y lo que admites como certezas e invita a la abertura de un espíritu sin perjuicio. En este estado receptivo, está sereno y lleva tu mirada, la idea que todo lo que eres y de lo que impregnas tu entorno es en realidad el fruto de tu condicionamiento que cree lo que aprendiste desde tu nacimiento a esta vida.

Hoy eres adulto. Y estás en cada soplo en toma con la Trinidad de « mirada-sentimiento-pensamiento ». Todo para ti comienza y se repite por la mirada que te apoyas en el mundo, luego a través del filtro de tus emociones por todo lo que exteriorizas de ti, tus pensamientos, tus palabras, tus actitudes y tus actos. Es la calidad de la mirada que te refieres a toda cosa que determinará siempre el sentimiento de donde nacerán tus pensamientos y tus emociones.

En este proceso principal, la emoción es en realidad la primera energía que exteriorizas. Y su poder es considerable.

Justo al principio tu vida, para la llegada de tu conciencia en el feto que eras, tu sentido depositó el primer color al lienzo todavía virgen de tu encarnación. Era el principio de una obra que se enriqueció cada segundo y nunca dejó de colorear un poco más en profundidad tu percepción. Cuando eras bebé, la pureza del recién nacido que eras te inclinaba a llevar una mirada acogedora y exenta de todo juicio, pero imagina un poco en el curso de la experiencia el número de filtros que ponen las velas a tu mirada hoy.

El miedo fue el primer sentimiento del que la experiencia de la vida te impregnó. Él pudo insinuarse temprano, desde tus primeros momentos de vida, según fuiste acogido en la violencia o en la dulzura, o más tarde. Pero sea lo que sea, bajo sus diferentes caras, él te fue inoculado desde la edad más joven por tu entorno. Es sobre el pilar inestable que sostiene muchas fragilidades a venir sobre lo que tu personalidad, tu Yo, tu ego, comenzó a edificarse.

Este ego, que se contempla bajo los ángulos psicoanalíticos, espirituales o platónicos, es tu Yo sin conciencia cuya aptitud naturalmente egocéntrica imagina un sinfín de mecanismos de defensa, espesando un poco más siempre la cortina de humo que te separa de tu verdadera sustancia. La mente es su herramienta de predilección, el miedo es su motor.

Si observas con sinceridad los mecanismos que en tu vida personal falta de armonía en ti, o las situaciones penosas que encuentras, ves que detrás de los sentimientos que se manifiestan entonces, el miedo nunca está lejos, detrás y que nunca te dejó, que varió solamente y multiplicó las formas bajo las cuales crear estas faltas de armonía que te afectan. La falta de confianza en sí mismo, particularmente en el femenino en el seno del patriarcado actual que domina el mundo, la agresión múltiple, la victimización, la desesperación, la tentación del aislamiento, están entre su ropa más usual.

Lo que te invito a concienciar, es que el miedo no es un sentimiento natural. Es inculcado desde cero, y cada uno ha sido expuesto por una humanidad imperfecta cuyos componentes mismos son erigidos sobre el mismo acondicionamiento, cada uno participa así a alimentarle, favoreciendo un poco más siempre su solidez y su expansión. La sociedad humana hizo pues del miedo la base de su modelo de acción y de reacción. No es una fatalidad, es una creencia que tomó cuerpo y que mantiene su sustancia porque justamente lo consideras una fatalidad, un componente de pleno derecho, una parte integral de las condiciones de la vida.

Este círculo se puede romper, definitivamente.

– Darse cuenta en primer lugar que no somos nuestro ego es la primera etapa ineludible del proceso de curación.

El ego es indispensable para nosotros en la experiencia en que todos nosotros escogimos la encarnación en la materia. Es una verdadera navaja suiza siempre dispuesta a desenvainar la herramienta adecuada para alimentarse. Pero acuérdate justamente que su carácter de utilidad debe situarlo sólo en el sitio justo de la herramienta que es para ti. Una herramienta tan respetable como la es tu mano, pero una herramienta, nada más.

No tienes que identificarte con tu mano porque eres perfectamente consciente que no eres tú sino justo una parte de ti, y seguramente no una parte que decide lo que eres. Lo mismo ocurre con tu ego, sin embargo, le dejas tomar las riendas de tu existencia habiendo olvidado que eres un ser infinitamente más grande que la personalidad que crees que seas tu sola representación. De esto volveremos a hablar en otro artículo.

– Comprender que detrás de cada una de nuestras manifestaciones egocéntricas (cólera, celos, victimización, repliegue sobre sí,…) reside un miedo, que este miedo nació de heridas con toda su comitiva de emociones y que toda herida es curable.

¿De qué miedos hablamos? Tomemos un ejemplo. Una infancia de sometimiento a la violencia, que no es por desgracia un caso raro, dibujará el camino del adulto a través de los filtros de la falta de confianza en él y del sentimiento de culpabilidad, hacia una falta recurrente de respeto asimismo. Que se podrá ilustrar a diario por una paleta de colores muy matizada de actitudes y de comportamientos posibles.

Para tomar sólo dos entre los ejemplos a menudo encontrados: la inclinación autodestructiva, yendo de la exposición repetida a las situaciones nefastas para sí –la culpabilidad es a menudo el origen– hasta los intentos de suicidio. O, otra faceta, la gentileza extrema mostrada y distribuida en todas circunstancias sin discernimiento – se trata más bien allí de colmar ilusoriamente la falta de amor: « si soy amable seré amado y seré reconocido pues como digno de ser amado ».

– Integrar que estas heridas afectaron a nosotros sólo nuestro ego rellenando sus sacos emocionales, y acordarnos que no somos nuestro ego como no somos nuestra mano.

Es muy importante comprender bien que el condicionamiento que es el tuyo desde tu nacimiento te condujo a identificarte siempre a tu ego. Es una educación cuya influencia es tal que te es difícil imaginar que pueda existir otra cosa de ti aparte de lo que percibes como los contornos de tu personalidad, y a quien sitúas sin situarlo en alguna parte en tu cuerpo.

En este caso, ejercítate pues en localizar tu personalidad en tu cuerpo. ¿Dónde está? ¿Dónde se esconde pues, este ego? ¿En el cerebro, el corazón, el vientre, los dedos del pie? ¿Cuando estás herido, dónde te duele? ¿No ves algo absurdo en los límites físicos dónde piensas situarte? ¿Al menos que te sitúes por todas partes en ti? ¿O en otra parte? ¿O en otra parte y por todas partes a la vez? Aquí, hay algo que sacude y comienza a sonar de otro modo. Pero no encaja con la identificación que haces de tu Ser a tu ego…

El soltarse-dejar ir

Resumamos un poco. No eres pues tu ego, pero lo es una parte de ti, y una parte que no tiene que decidir por ti lo que eres. Por naturaleza limitado, se ha desarrollado en el curso de tu vida sobre sus propias heridas y siempre sólo actuó y sólo reaccionar con arreglo a los miedos que sus heridas instalaron en él. Para esto ha elaborado todo un sistema de mecanismos de defensa, pasando a veces por el ataque preventivo, que son tantas armas que hieren a su vez los egos vecinos, creando nuevos miedos, creando nuevos mecanismos de defensa…

Observarás pasando hasta qué punto el colectivo humano funciona sobre este principio como el individuo.

Finalmente, para encontrar en este caos emocional un sentimiento de seguridad que no quiere ver como ilusorio, el ego busca sólo una sola cosa susceptible cree que él domina el miedo : el control.

Es la razón por la cual, por tu identificación con él, procuras siempre controlar todos los aspectos de tu existencia, atreviéndote raramente de tu propio jefe las apuestas en situación de pérdida de control.

Es por las búsquedas de control ilusorio, a los intereses raramente comunes, que nacen los conflictos entre los individuos o las naciones, que aparecen en toda fase de su evolución verdugos y víctimas, intercambiando sus roles tantas veces que no son comprendidas y sobrepasadas las experiencias que han llevado.

Para romper este círculo, que suele ser el de las encarnaciones en la matriz de las vidas sucesivas que viviste, existe una vía totalmente simple y que se abre a su debido tiempo: el soltarse-dejar ir.

A su debido tiempo no significa que se le debe esperar sin hacer nada. De hecho, si él mismo viene y a menudo de golpe, es cuando ya se empezó el camino del despertar por la conciencia de lo que es el ego. Haz un trozo del camino y encontrarás sobre tu camino lo que te hace falta para ir más lejos. Como se suele decir: “ayúdate y el cielo te ayudará”.

Soltarse-dejar ir, de hecho es reconocer que el ego no es el dueño. Es la idea que hay algo en sí de superior a la personalidad y de que la visión más alta se halla en estado de percibir mejor lo que es justo y bueno para sí. Es pues salir del círculo habitual de las acciones y reacciones para aceptar la guía de un sí mismo que se presiente superior en esto que no es limitado como le es por su naturaleza emocional el ego.

En el pasado, los chinos utilizaban las cometas sobre los cuales figuraba el dibujo de un ojo. Imagina que tu ego tiene la cometa y el ojo es tu conciencia, es una imagen muy elocuente de la toma de altura necesaria para discernir lo que emana del ego y de las ilusiones que crea y que sufre. Cuando estás cuestionando sobre ti, lleva tu conciencia en el ojo de la cometa y obsérvate actuar.

En la vida actual en el seno de un país industrializado, el mecanismo de dejar ir se inicia primero por extirparse del flujo de estrés continuo, engendrado por la vida moderna. Esto puede hacerse gradualmente progresivos o brutalmente según las circunstancias y tus elecciones, pero se trata en resumidas cuentas de no permitir más al estrés arraigarse a las vulnerabilidades que le tratan con familiaridad.

No levantes los ojos al cielo mi hermano, mi hermana, no olvides que para haber llegado aquí ya habrás empezado una limpieza que podrá permitirlo. Lo que consideras irrealizable al principio se realizará sin ni siquiera hasta que comprendas cómo esto fue posible. En esta fase, la cortina de humo que te enmascara la realidad de lo que eres será mucho menos densa.

Desatar los cordones que cierran los sacos emocionales llenos por las heridas del ego es otra etapa esencial de soltarse-dejar ir.

Respecto al juicio que todavía llevas en ti y tu vida, esto puede parecerte una tarea enorme, pero te engañas. En realidad nunca ha sido tan fácil y tan rápido como ahora. Aquí donde, en otro tiempo hacía falta una vida de psicoanálisis con resultados a menudo muy dudosos, la época quiere que este camino de despertar haya sido forzado por un número de seres cada vez más grande, y que la luz que ellos manifestaron así en el transcurso de camino alumbre ahora el camino de los que siguen.

Así, en este período extraordinario de nuestra historia, la conciencia clara y los mecanismos de correcciones que engranan a su continuación aligeran un poco más cada día. Y si había capas emocionales profundas en ti que no llegas a alcanzar sólo, tienes ahora a tu disposición muchas terapias y nuevos terapeutas que aportan soluciones a veces fulgurantes a esta problemática de los sacos emocionales. A ti de usar de tu fe y de tu discernimiento para guiarte hacia quién y qué serán buenos para ti.

Sé, no obstante, vigilante, el riesgo es grande de perderte en los caminos que consisten en volverte demasiado hacia el exterior para encontrar respuestas que están en ti. Esto también forma parte del condicionamiento social y del sentimiento de separación de ir siempre hacia el exterior.

Puedes ser ventajosamente ayudado por otro, si otro es escogido con discernimiento, por ejemplo si giras en círculo desde hace tiempo sobre un problema personal sin alcanzar solución. Pero la ayuda aportada será sólo un revelador, no hay todavía en definitiva para ti ningún salvador otro que tú.

Es todavía perfectamente ilusorio pues correr sin discernimiento todas las prácticas y otras terapias a tu alcance. Vuélvete primero hacia ti y acepta la introspección como la condición previa, sé honrado y sincero frente a ti y sé rápido a detectar en todo lo relacionado a las manifestaciones del ego.

Siendo visto de más alto, pues bajo una perspectiva más amplia, de hecho estás sacudiendo tu ser luminoso para liberarse de todas las numerosas capas de escorias que ocultan su luz.

Ya es hora de dejar el traje y el rol en el guardarropa y dejar detrás de ti los viejos decorados del teatro donde interpretaste tan a menudo que acabaste por identificarte con tus roles.

Fraternalmente,

El despertar en sí (2)

© El Barquero – 10 de Mayo del 2011 – Traducido por Elia.

Versión original en francés

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