La voz, más allá del caos

Por El Barquero (Le Passeur).

Lo que muchos de ustedes ya se habrán dado cuenta es que desde hace algún tiempo el mental está perdiendo terreno. Las pérdidas de memoria, los agujeros en la reflexión, las palabras no llegan, la confusión transitoria, la sensación de estar desplazado, son todos los síntomas de una mente que se desestructura. No te preocupes, no hay necesidad de precipitarse a ir al médico, todo esto es muy normal en estos tiempos tan particulares. Incluso hay que esperarlo, no se va a ir arreglándose.

Estamos en los tiempos acelerados, percibimos el tiempo que corre más rápido, como entre los dedos, no es que los relojes hayan acelerado sus rotaciones de agujas, pero es la suma de las percepciones que registramos en el mismo lapso del tiempo que se ha incrementado considerablemente. Somos de hecho en la situación de un receptor multidimensional teniendo a administrar una gran cantidad de información sin cesar cada vez más importante en un tiempo equivalente, por lo tanto, la sensación de contracción del tiempo en la cual no nos reencontramos más. De un lado, es extremadamente estimulante porque el progreso es constante y los avances espectaculares, de otro esto puede conducir todo derecho a una salida violenta del camino.

Los pequeños problemas de horario que se manifiestan deberían evolucionar hacia tal indigestión, que no sabremos simplemente dónde dar la cabeza y no sabremos más qué tratar en  primero en lo que va a ser las prioridades individuales del momento. No sólo vamos a vivir dentro de nosotros una mutación que nos va a solicitar múltiples recursos físicos y energéticos que van a movilizar nuestra conciencia, sino que deberemos al mismo tiempo tratar informaciones exteriores totalmente fuera de nuestras normas habituales. Esto es mucho, pero esto no debería durar mucho tiempo.

Para comprender bien lo que está pasando, la mejor analogía es la del ordenador. Si se transmite a un ordenador datos que sabe tratar tanto en calidad como en volumen, al menos de un accidente, todo va bien. Si en cambio se aumenta progresivamente el flujo de gigabytes datos a procesar, llegará un momento en que las capacidades de la máquina serán sobrepasadas.

Imaginemos que estamos en relación con un ordenador sofisticado, éste va a concentrar sus capacidades y su energía hacia los datos que parecen en él prioritarios según los criterios que le han sido proporcionados al principio. Él va pues a tratar lo que le parece esencial y abandonar el secundario, luego, el flujo siempre aumentando, acabará por concentrarse sobre sus funciones vitales, con la posibilidad que un interventor humano le reprograme para hacer frente a la situación y favorezca sus capacidades de cálculo. Hasta el momento que todos los recursos habrán sido agotados y que la máquina rendirá las armas.

Si se trata de un ordenador más básico, el del señor todo-el-mundo, comienza a colgarse: alteración de los caracteres funcionales y del comportamiento en el hombre. Luego plantará por lo menos la aplicación correspondiente: enfermedad o pérdida de caracteres funcionales. El procesador recalentará: el cerebro cada vez maneja menos la situación. Y los ventiladores girarán a toda velocidad: consumo excesivo de energía y cansancio. Finalmente la máquina acabará por plantarse a nivel del sistema operativo: saltan los plomos, comportamientos excesivos e inhabituales, parada cardíaca, derrame cerebral,… O incluso destruirá sus componentes o su disco duro: en el hombre, la memoria con cortocircuito, estado de ausencia total, es decir denegado.

La negativa, en los seres humanos, es la fase donde lo que es considerado insoportable padece, donde este insoportable pone en peligro de muerte el sistema de funcionamiento psíquico, y donde el ser se encuentra desprovisto, indefenso e impotente ante lo que percibe como la destrucción que viene hacia él. En este caso una desconexión temporal o definitiva de su mental o/y de su memoria es una de ambas maneras de no afrontarse con lo que es percibido como el último peligro. Queda todavía, para el hombre, una opción que el ordenador no posee, la otra manera: el suicidio.

Bueno. Visto así, el cuadro no es brillante. Pero la buena noticia, es que no es el buen cuadro. Por lo menos lo será para el que persistirá en abordar la mutación en curso por la vía del mental. Aquel que no buscará su saludo sólo en lo que conoce y lo divisará sólo haciendo recalentar su procesador personal vivirá más o menos el argumento que acabamos de evocar. Afortunadamente, hay otra vía, que se impone ya naturalmente a nosotros si estamos a la escucha: nuestra INTUICIÓN. Es LA respuesta a la afluencia de percepciones que podría sumergirnos.

Debemos comprender la enormidad de la ola. No somos seres limitados a nuestra experiencia física en este mundo, somos seres multidimensionales. Es cierto, que el concepto es difícil de temer. Entonces, esto forma parte de lo nuevo que hay que considerar. Ser multidimensional, significa que existimos sobre varios planos a la vez, que la entidad de carbono que somos sobre la Tierra es sólo una de las ramificaciones de nuestro ser y que es más, una ramificación en la cual fue velada su memoria de lo que es y de aquello de lo que es capaz.

En la época que hemos abordad, las fronteras que –salvo excepciones– nos separaban hasta ahí de la percepción de las otras dimensiones, se disuelven con la red energética que mantenía en sitio la matriz de nuestra experiencia de vida. En suma, el techo, las paredes y el suelo del laboratorio desaparecen. Las consecuencias que serán cada vez más evidentes son, que las dimensiones van a entrechocarse e interpenetrarse.

Este fenómeno va a traducirse entre otras cosas en percepciones inhabituales, primero fugaces (esto ya comenzó), luego cada vez más remanentes, que concernirán a nuestros cinco sentidos, así como aquellos estando en pleno desarrollo, como la telepatía. O, todavía por la sensación de vivir una o varias historias paralelas a la nuestra, a veces muy extrañas y… exóticas. Y finalmente, por la confrontación a nuestras memorias anteriores a esta existencia, memorias que no siempre pueden ser cómodas (ver El Despertar en Si : la curación). Por lo que nada está preparado a todo esto, las cosas corren peligro de ser muy perturbadoras. Los ordenadores van a perder la cabeza delante de todos estos nuevos datos que entran por todas partes y las reacciones estarán a la altura de las perturbaciones engendradas, variables según los individuos.

Personalmente, compruebo que la mayoría de aquellos con los que hablo han comenzado a tocar esas nuevas percepciones. Estamos pues, en la fase donde comenzamos las incursiones en las dimensiones que nos rodean y hasta entonces permanecían invisibles en estado natural. Los mundos descritos en las experiencias propias de los médium o chamanes se convertirán, por lo menos por un tiempo, un aspecto de la realidad percibida en estado natural. Por un tiempo por lo menos, porque es posible también que un fenómeno de estancamiento intervenga para salvarnos de la conciencia de todo el proceso de reinicio del sistema -el restablecer y reiniciar el sistema del ordenador después de su actualización.

Añadamos que a esta ampliación de las percepciones, los estímulos externos podrían ser copiosos y variados.

Pensando todavía en los que no se informan, los sistemas económicos y políticos del planeta van a hundirse. Las economías todavía penden sobre el hilo de la mentira desde hace tres años (crisis de 2008), enmascarando la realidad de las cifras y de las situaciones sociales en muchos países, comenzando por los Estados Unidos. El día en que éstos derriban la máscara -y es prácticamente insoportable- el resto, de las economías relacionadas, caerá como fichas de dominó. Bastaría que una manifestación superior de la naturaleza sobrevenga en los Estados Unidos, en zonas pobladas para que las compañías de seguros y el sistema bancario hagan quiebra, y que el resto del planeta siga apenas en algunas semanas. Es uno de los detonadores posibles, hay otros.

Añadamos que el hundimiento brutal de los sistemas va a engendrar grandes problemas en lugares que no ayudarán a calmar la serenidad de los espíritus. Es posible que ciertas manifestaciones de la Tierra sean intensas (esto también ya comenzó), que la radiactividad ambiente todavía se intensifique (estamos ahí) y que acontecimientos astronómicos entren en juego. Y, para acabar, en este contexto caótico, no es imposible que aparezcan de manera indiscutible nuestros vecinos de otro espacio, cuya llegada parece estar preparada con mayor densidad por las múltiples revelaciones oficiales hechas al respecto recientemente. Imaginamos apenas el cuadro… En esta vorágine de datos nuevos y tipo de socavar las creencias establecidas, tenemos que permanecer sereno, mantener la calma y bien centrado en sí mismo.

¿Cómo? Soltando el mental Dejando de pedalear en la sémola de los miedos y de los intentos desesperados de controlar lo que sea. Es hacia la intuición que debemos volver en lo sucesivo. Hacia esa voz interior que es la del espíritu, de nuestro Yo, que jamás nos miente y permanece la única llama que el caos no puede soplar. Diga lo que nos diga la razón (oigo por ahí el pensamiento que razona), y tan irracionales como pueden parecernos las elecciones que se nos imponen por nuestra intuición, debemos seguirla porque es ella quien tiene razón. Nuestro mental se equivoca siempre, sabe hacer sólo en el marco de la ilusión de la matriz que conoció y no tiene ninguna competencia con respecto a lo que está sucediendo ahora. El mental no sabe hacer lo nuevo, se aferra a lo que conoce con la energía del que tiene miedo a morir. El nuevo viene siempre de la inspiración, de la intuición que lo manifiesta a nuestra conciencia, y estamos en relación ahora con lo nuevo, porque por primera vez desde hace mucho tiempo sobre esta Tierra, tomamos nuestra libertad y en este lugar bendito, vamos a evitar el caos y a ponernos nuestras ropas del « Yo » encarnando quiénes verdaderamente somos

Fraternalmente,

© El Barquero – 6 de Junio del 2011 – Traducido por Elia.

Versión original en francés

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