El paso del ojo

Por El Barquero (Le Passeur).

Llegamos al pie de un límite que nos ha sido señalado desde hace tiempo y que no pensábamos ver más un día emerger del foso. Sin embargo, aquí estamos. Todo está montado en energía al punto exacto donde debemos poner en práctica todas las enseñanzas que han marcado en esta encarnación el camino de la iluminación. No hay ninguna justificación para la ansiedad, de hecho, es un momento para el cual todos nos hemos preparado desde numerosas vidas y cada uno está exactamente donde debe estar, tanto en su entorno externo como en su fuero interior. Todo es justo, todo está en su sitio. Sólo el mental todavía se activa tentando un control vano aguijoneándose de sus dudas y de sus temores. Más que nunca, debemos identificar sus expresiones y echarle de vez en cuando un cubo de agua para calmar sus ardores.

No conozco la cronicidad de los acontecimientos, sino en realidad el reloj es irrelevante. Sólo nuestra conexión al Ser Supremo en nosotros puede alumbrar nuestros pasos en la noche aparente. El trajín de los circuitos externos e internos de la Tierra, los colectivos de vidas a los que lleva y sentimientos individuales es sólo la etapa indispensable para restablecer lo que evoqué en « La voz, más allá del caos ».

Es importante mucho más para nosotros solos de guardar su equilibrio y su serena verticalidad en las zonas que la humanidad va a atravesar. No hay nada conveniente que regatear en sí lo que es del dominio de lo aceptable o no. Sólo la fe en sí expresada en el abandono que detenga la medida plena de esta verticalidad. Aquí se encuentra siempre y en todo tiempo el eje de nuestra conexión al cielo y a la tierra. Aquí se encuentra nuestro pleno poder sobre todas las cosas. Hay que soltar las manecillas, todas las manecillas, evacuar todas las interrogaciones, y sobre todo, jamás dejarse llevar por la espiral de los miedos colectivos que surgirán con la incomprensión que inevitablemente se manifestará. Demasiada gente ha tomado la decisión deliberada de la ignorancia hasta hoy en día para que pueda ser de otra manera, pero por otro lado, un gran número se encontrará brutalmente propulsado delante de una nueva luz que podrán tanto abrazarse más fácilmente si tienen el ejemplo y pues la indicación de seres serenos alrededor de ellos.

Si se trata de un momento de decirse «bueno, ahora voy», es ahora. No hay más tiempo para lloriquear sobre sí mismo, no hay más tiempo de sentirse una víctima, ni de buscar una mano amiga o un ala protectora como fuimos tan acostumbrados en el juego del ego. ¡Somos seres poderosos! Podemos crear a partir de la nada, más que el dominio de nuestras emociones y de nuestra intención. algo totalmente nuevo, capaz de pulverizar los antiguos esquemas y de aniquilar sin lucha todas las manifestaciones de la sombra. De todos modos, es lo que va a suceder, que seamos actores o no. Entonces más vale estar a la altura de nuestras verdaderas capacidades. Acuérdese que aquello a los que se concede poder lo poseen siempre sobre nosotros. La sumisión es la razón, el miedo, la palanca que la mantiene a nivel. Imagínese que hacen uso de esa palanca y sabiendo la parte muy mal comprometida para ellos, algunos todavía van a tratar de usarla más. ¿Se dejaría embarcar en la espiral? ¿Quién puede decidir de otro modo, aparte de usted?

Estoy persuadido que un gran número dudan de ellos, encontrarán muy naturalmente la posición justa que hay que tener. Para ello, el abandono en la fe de algo superior en nosotros que tiene las manecillas permanecerá siempre la última llave, la que abre la última cerradura de nuestras resistencias. Los egos vociferantes y, generalmente más, los que no habrán querido levantar la alfombra para mantener limpia la casa sufrirán, porque la humildad es el único pasillo que lleva a esta puerta. No importa si me repito, pero sobre este propósito sólo repetir, esperando que esto sirva en los momentos de dudas, lo que ya escribí en el despertar en sí mismo:

« La humildad es justamente una luz poderosa en la oscuridad. Más que esto, es un Sol en la medida que el pequeño en este mundo se vuelve inmenso en el otro. Cuando todo parece complicarse y el discernimiento falla, cuando las dudas vuelven a subir y que la sed de control deseca de nuevo el paladar, la humildad conduce al Ser con dulzura hacia el altar del abandono, que es el umbral supremo donde invierte la plenitud de su vestidura de luz.

El abandono es la nuca que se ofrece desnuda al divino en sí. Es la fe final, y es llenada de una alegría serena y profunda ».

En el camino del abandono, antes de la gran claridad que disipará todos los velos, habrá un instante para cada uno, o un momento, donde nada más en sí sobre el cual se establecía una creencia parecerá existir. Este será el único momento donde estaremos a solas frente a nosotros mismos, representará a la muerte de todo en sí para que renazca el ser luminoso hasta entonces puesto el velo. Es algo que pertenece a cada alma y delante del qué cada alma debe pasar sólo. Hablé de “reinicio » en el artículo citado anteriormente, es sólo un término moderno para desmitificar la intensidad de este “pasaje” que en otros tiempos, hace 2.000 años, un ser a quien debemos mucho y cuya palabra tendría que permanecer fuera de todo dogma religioso, encarnó en la cruz.

La resurrección, es el ser iluminado quien se levanta en su luz recobrada. Sólo puedo presentir por la emoción, el sublime Misterio que presidió a todo esto y tendría verdaderamente dificultad en descifrar toda la alquimia simbólica y encarnada a la vez que conduce a esta transmutación final. Todo lo que puedo decir, es que estamos en el fin de nuestros caminos de llevar la cruz y que nos queda por vivir el momento sagrado donde cada uno de nosotros morirá en él para renacer instantáneamente tal, como verdaderamente es. Cualquiera que sea la forma que tome esta transmutación, las mariposas galácticas que nacerán entonces de su crisálida serán libres y unidas. Nunca más la separación estará sobre su camino, nunca más se sentirán orugas solitarias en supervivencia entre los depredadores de un mundo hostil. Estos tiempos están acabados y nos habrán enseñado mucho, que tendremos que transmitirlo a su vez.

Me vino ayer la paz, en compañía de seres queridos, que nosotros los humanos fuimos tanto tiempo el símbolo de la separación, íbamos a ser, aquí mismo en Gaïa, la armonización entre todos los reinos vivientes. No sólo vamos a integrar al pie de la letra nuestra multi-dimensionalidad agrupada en este lugar y en este tiempo, pero vamos, para recuperar la intención de una amiga, « pulir los ángulos ». El gran puzzle va a unirse porque vamos a alumbrar el espacio entre las piezas y permitir su encajamiento en la armonía. Tal vez, especies que jamás cohabitaron van a descubrirse bajo nuestros auspicios.

Pienso que no estamos lejos de vivir un cuento de hadas y que es nuestra creencia en lo que fue relegado en el curso del tiempo sobre la sección de las leyendas y de las mitologías que va, o no, acelerar el movimiento. Las formas de vida, poco visibles hasta entonces en nuestras esferas, se nos acercan innegablemente. Cada vez más entre nosotros tuvieron las pruebas y es el último signo de que algo fundamental está verdaderamente cambiando en el seno de la humanidad. Más allá de las apariencias todavía percibidas, los presagios son prometedores horizontes de una gran belleza.

Todo va según lo previsto, las puertas se abren y los que lo desearán y los que habrán tenido el coraje de vaciar sus copas las atravesarán fácilmente. Otros todavía deberán sacudirse un poco, porque en este reino entramos desnudos y el corazón ligero, los brazos abiertos como una copa vacía lista para llenarse de nubes prometidas. El ojo de la aguja es fino porque sólo un hilo depurado por la vida pueda pasar a través. Todo lo que se agarra a este hilo y lo vuelve pesado debe ser abandonado para acceder a su luz, en este bendito instante en que el alma sola ofrecerá su nuca al divino que lo habita. No hay lugar para al regateo en este espacio, sólo hay una fe en nuestro poder benévolo. Sólo ella tiene el poder legítimo de inclinarnos humildemente ante algo aún más grande, que es sólo amor, y en el que no podemos desear otra cosa que abandonarnos.

Fraternalmente,

© El Barquero – 25 de Agosto del 2011 – Traducido por Elia.

Versión original en francés

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